El supersentido de los cocodrilos

Los poco comprendidos órganos multi-sensoriales en la piel de los crocodilios son sensibles al tacto, el calor, el frío, y los estímulos químicos en su entorno, y no tienen ningún equivalente en ningún otro vertebrado.

La piel de los cocodrilos contiene sensores sensibles al tacto, el calor, el frío y los estímulos químicos, sin equivalente en los vertebrados. Crédito de la imagen: Radek Vitoul (flickr)

La piel de los cocodrilos contiene sensores sensibles al tacto, el calor, el frío y los estímulos químicos, sin equivalente en los vertebrados. Crédito de la imagen: Radek Vitoul (flickr)

El orden de los crocodilios, que incluye a los cocodrilos, los caimanes y los gaviales, tienen escamas epidérmicas particularmente duras que consisten en placas óseas y de queratina, que les brindan mayor protección. En la cabeza, estas escalas son inusuales, ya que resultan de grietas en la piel endurecida, en vez de que su forma esté determinada genéticamente.

Las escalas tienen sensores conocidos como receptores de presión de cúpula (DPR) u órganos sensoriales tegumentarios (ISOs) con una sensibilidad similar a la de la punta de los dedos. Investigadores de la Universidad de Ginebra estudiaron los ISOs de cocodrilos del Nilo (Crocodylus niloticus) y de caimanes (Caiman crocodilus) para averiguar exactamente lo que pueden ‘ver y cómo se forman’ estos micro-organismos.

Los ISOs aparecen en la cabeza del caimán en desarrollo y en embriones de cocodrilo antes de que la piel comience a agrietarse y a formar escamas. Además, los cocodrilos del Nilo desarrollan ISOs por todo el cuerpo. En los animales, los ISOs contienen mecano-, termo- y quimo-sensores, que les brindan una capacidad combinada para detectar el tacto, el calor/frío y los estímulos químicos, pero no a la salinidad. Los cocodrilos del Nilo tienen sobre sus lenguas glándulas separadas para detectar la sal, que les ayudan a regular la osmolaridad en ambientes hiper-salinos.

Esto significa que pueden detectar ondas de presión de superficie que les permiten encontrar rápidamente presas, incluso en la oscuridad. La sensibilidad térmica les ayuda a mantener la temperatura corporal, al desplazarse entre entre el sol y el frescor del agua, y los sensores químicos les pueden ayudar a detectar los hábitats adecuados.

El profesor Michel Milinkovitch, quien dirigió el estudio, ha explicado que los “sensores ISO son notables, porque no sólo son capaces de detectar diferentes tipos de estímulos físicos y químicos, sino también porque no tienen un equivalente en ningún otro vertebrado. La transformación de un sistema sensorial difuso, como el que tenemos en nuestra propia piel, en ISOs, es lo que ha permitido que los cocodrilos evolucionen una piel muy sensible pero altamente blindada”.

La investigación se publica en la publicación científica EvoDevo.

Fuente: BioMed Central

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